Una Mujer de Corazón  Audaz y Misericordioso

 

 La Isla de manzanillo,  está situada  en el Atlántico a dos horas de la Capital de Panamá. En ella está ubicada  la ciudad de  Colón. Es un  lugar  sobre poblado con más de 80 mil habitantes además, es  la capital de la Provincia  de Colón, donde están  los puertos de la Zona libre de Panamá.  Allí Trabajan las Hijas de la Caridad desde  1896, en  la  Escuela,  el Hogar de Niñas  y en el Comedor San Vicente de Paúl.

 

A Sor Rosa Inés, la conocí a finales de 1999 cuando llegué a trabajar en Colón Panamá.  Una mujer nítida en su presentación personal, con su hábito blanco, y sus calzados bien limpios, en su boca palabras tiernas para saludar,  motivar y estimular.  Se levantaba un poco antes para hacer su oración. Con un amor impresionante a la Virgen María, siempre ha llevado en su bolsillo una imagencita  blanca. 

 

  Su amor a los pobres es profundo, ha sido la razón  de su vida. Servía a los pobres en el Comedor San Vicente en Colón. Llegaban  al comedor  hombres adictos al  alcohol y la droga.  Ella los observaba en su pobreza y, en su corazón  pedía a la Santísima Virgen que le ayudara a  hacer algo por ellos.

 

Con deseos de atender esta pobreza  participó en  un foro  donde se hablaba de medios de prevención a drogas y ella preguntó a la expositora: ¿qué se puede hacer por los que ya son adictos a la droga? Y la facilitadora le contestó: para ellos no hay remedio no se puede hacerse nada…    Y Sor Rosa Inés le dijo: ¿cómo es que no puede hacerse nada?  Ellos son los preferidos de Dios.  Después de un momento al ver no satisfecha su respuesta salió de la sala en búsqueda de  hacer algo por los preferidos de Dios, desde ese momento la búsqueda fue decisión y la acción de Dios inicio a manifestarse en ella. 

 

Fue así como inició la obra de recuperación de adictos el 28 de octubre de 1993. Su tenacidad en la fe y su amor misericordioso a los pobres  le hizo creer que  si era posible.    La frase: “ellos son los preferidos de Dios,” se la he oído repetir innumerable veces… imposible contarlas.  Desde que  inició la búsqueda de los pobres adictos para su rehabilitación, Sor Rosa Inés inspirada por  la fe y con una mirada misericordiosa recorría los barrios más peligrosos de la Isla,  buscando a los pobres adictos en las calles. Se hizo amiga de todos, de los jóvenes de las bandas más peligrosas, de los orates de la calle, de la policía nacional y de los bienhechores.  Los adictos al alcohol y las drogas, sus preferidos, la hicieron  pasar momentos difíciles al inicio, como también momentos gratificantes. 

 

Abigail Pacheco que es un hombre corpulento, fue el primero que acudió a ella con deseos de recuperarse, había perdido su trabajo en el canal de Panamá por adicción, su sueldo había sido de más de mil dólares, ahora vivía en la pobreza sin apoyo familiar y en completa adicción, era evangélico.  Sor Rosa Inés preparó la segunda planta del edificio del  comedor  para el hospedaje.  Abigail y otros jóvenes como Rufo Garay comenzaron a vivir ahí.  Abigail inestable por su dificultad se iba del Centro y Sor Rosa Inés,  iba en su búsqueda. Le tocaba el hombro  fuerte con su dedo índice y él la seguía de regreso no muy contento. Sor Rosa Inés se le ocurrió algo interesante para Abigail, lo mandó a México  en una peregrinación que partió  caminando a inicio del año, para llegar en diciembre a México a visitar la Virgen de Guadalupe. En una hazaña tan difícil, Abigail por su condición física fuerte, fue uno de los pocos que pudieron llegar caminando; era evangélico y regresó a Panamá católico,  rezaba  el rosario todos los días junto a sus compañeros de rodillas a los doce mediodía, antes de servir el alimento a los pobres. Se rehabilitó, recuperó su trabajo gracias a la gestión de Sor Rosa Inés y después fue su colaborador.

 

La dinámica de rehabilitación  que estableció Sor Rosa Inés era que los jóvenes ocuparan su tiempo sirviendo al Pobre. Que tuvieran una fuerte vida de oración y de amor a la Santísima Virgen, un coro para cantar las misas en las parroquias, combinado esto con formación cristiana, terapias por psiquiatra y psicólogos y la formación profesional técnica. El primer mes preparaban limón y vinagre para calmar la ansiedad por los estupefacientes de los nuevos que llegaban a rehabilitarse. A penas se levantaban se ponían de rodillas y hacían su acto de adoración a Dios.

 

A los jóvenes en rehabilitación, Sor Rosa Inés les dio el nombre de  Redimidos de la Medalla Milagrosa ( REMEMI). Ellos adoptaron el Carisma Vicentino. Uno de los que más se destacó fue Rufo Garay,  él participó en encuentros y reuniones a nivel Nacional e internacional. Actualmente Luis Brown ha sido uno de los que más ha ayudado a Sor Rosa  Inés en la coordinación de Centro.

 

Para mí, fue muy impresionante ver a trece hombres en una Vigilia Pascual en la catedral de Colón recibiendo el bautismo, la primera comunión y la confirmación de manos de Monseñor Carlos María Aris. Todos los años se bautizaban y confirmaban los nuevos. 

 

Sor Rosa Inés es una mujer misericordiosa con corazón de Madre, todos los rehabilitados le llaman madre o  mama sin tilde, como buenos panameños;  también  es una mujer con autoridad,  era admirable ver como treinta hombres le obedecían sin quejas y, si  alguno hacía caras solo le tocaba el hombro con su dedo índice y todo seguía en orden.  El edificio permanece  limpio, bien decorado con letras de colores,  ordenado, camas bien estiradas, armarios con la ropa bien doblada. Todos los oficios lo realizan ellos.  Los jóvenes con gestos de buena educación, palabras amables,  porte digno de atención a los que llegaban,  no solo por urbanidad. Sor Rosa Inés les trasmitió su carisma, ellos sirven a los pobres con mucho amor, los orates de la calle llegaban muy mal olientes, mal vestidos, con el cabello  y la barba larga. Los jóvenes los recibían a eso de las diez de la mañana,  los mandaban a las duchas, le cortaban el pelo, les rasuraban la barba, le daban ropa limpia y quedaban transformados en su aspecto físico,  rezaban el rosario con ellos a las doce, después le servían los alimentos.  Tienen un servicio de lavandería para lavarles la ropa a los pobres y entregársela al día siguiente limpia y  planchada.

 

En una ocasión fue al supermercado con un  joven en rehabilitación y cuando estaba pagando la mercancía, una señora aterrada se acercó y le dijo en secreto: Hermana, ¿no le da miedo estar al pie de uno de los ladrones más peligrosos?  Sor Rosa Inés con gesto de asombro le dijo: No mamita, no me da miedo. Este joven fue uno de los que observé que Sor Rosa Inés le trató con más misericordia, tenía un aprecio especial por él. Pude constatar de cerca el trabajo de Sor Rosa Inés, porque viví cuatro años con ella en la comunidad  y me invitó a  darles temas y acompañé a los muchachos a repartir comida por las calles muchas veces. El almuerzo se daba en el comedor y la cena en las calles, hasta que después de un tiempo se estableció la cena en la Parroquia San José.

 

Una institución gubernamental de Panamá le ofrecía a Sor Rosa Inés cursos de capacitación para los REMEMI. En una ocasión no tenía la cantidad de jóvenes completa,  buscó entre los jóvenes del barrio, estos que estaban en bandas y otros desocupados,  completó el número, les compró el traje de saloneros de hotel y los mandó a prepararse. Después de recibir esa preparación técnica profesional,  muchos de ellos fueron ubicados en una cadena de hoteles, unos en Panamá y otros en Washington, Estados Unidos.

 

Actualmente hay más de quinientos  rehabilitados en el Centro REMEMI entre ellos varios de otros países como Guatemala, Nicaragua, Ecuador y Colombia y otros.   Entre ellos hay  padres de familia, jóvenes universitarios, electricistas, contadores, artistas, soldados  retirados, hijos de empresarios etc. El principal requisito para hacer el proceso es que la persona vaya voluntariamente. Actualmente los rehabilitados están organizados, forman parte de la Fundación y están coordinando el Centro mientras llega otra Hija de la Caridad a continuar la labor de Sor Rosa Inés que por salud y edad ha tenido que regresar a su país del Ecuador.

  

Sor Rosa Inés tenía tanta autoridad moral en Colón que llegaba a la Cárcel  la policía le abría las puertas y pedía a los presos que ella quería rehabilitar, firmaba y se los entregaban, dichosos que además de su rehabilitación recibían el amor de madre de tan admirable mujer. Sor Rosa Inés era muy admirarla y querida por la Policía Nacional, ella le llamaba jefecitos a los policías y ellos le llamaban jefecita.  En el comedor tenía una mesa especial para los  policías. Una vez viajó a Guatemala sin visa, se olvidó sacarla en Panamá, la detuvieron en el Aeropuerto de Guatemala, le ofrecieron  una llamada internacional. Llamó al Sub Comisionado de la Policía en Panamá, el cual dijo a los miembros de Migración en Guatemala: Dejen entrar al país a la Hermana y lo que haya que pagar lo envío mañana por DHL y, así fue.

 

Una madrugada  mientras dormíamos como a las tres y media, fue asesinado  un joven  del barrio en la esquina de la calle que limita con la escuela donde vivíamos las hermanas. Sor Rosa Inés se dio cuenta, se levantó y fue a la casa del joven asesinado a esa hora, rezó el rosario con la familia, mientras le animaba a no tomar venganza y amaneció con ellos acompañándoles en su dolor.

 

Sor Rosa Inés recibió una condecoración de la Municipalidad de Colón donde la Nombraron: “La Monja de los Pobres”. También estuvo dentro de los 20 escogidos para la Revista “Panamá  por Dentro”, que se escribe para premiar las proezas de gente destacadas en Panamá.  Fue declarada: Héroe por Panamá. Este premio es coordinado por organizaciones de la sociedad civil junto a los canales de Televisión. Recibió reconocimientos de la Cámara de Comercio, de la Familia Jara, de las Damas Ecuatoriana  y del Gobierno Nacional que le dio la nacionalidad panameña.

 

El Papa Juan Pablo II reunido con un grupo de Obispos preguntó quién de ellos tenía servicio de Rehabilitación de Adictos. Solo Monseñor Aris se levantó y dijo al Papa: en mi Diócesis hay una Hija de la Caridad con este servicio de  Rehabilitación. El Papa Juan Pablo II le escribió una carta a Sor Rosa Inés felicitándola por prestar este servicio de Iglesia, le envió su bendición. Recibió esta carta de manos de Monseñor Aris.   Monseñor Aris,  tenía gran aprecio por los REMEMI, iba a cortarse el cabello en la peluquería que estaba en el Centro y los invitaba a cantar con frecuencia las misas que él celebraba.

 

Solo son pinceladas del amor a los pobres, la audacia y  la creatividad de una Hija de la Caridad ecuatoriana  que dejó  en la Provincia de Centroamérica el corazón  a su paso en la memoria de los pobres, de los bienhechores y del pueblo panameño. Ella, regresó a su País en julio de 2015  a  Casa de Hermanas Mayores  en Quito.

 

Gracias Sor Rosa Inés, Dios la bendiga en grande  por ser testigo de la Caridad de Cristo entre los más pobres y abandonados. Fue Usted como un oasis de ternura para el corazón de los que más necesitaban de la misericordia de Dios y  también una hermana con unos detalles admirables para sus compañeras en la vida fraterna. Es una mujer que ha proclamado con  sus obras,  lo que Dios puede hacer en  una Hija de la Caridad con un corazón  bien dispuesto.

 

Su hermana que siempre la llevará en su corazón.

Sor Amadita

Hija de la Caridad