Sor Suyapa, tiene 27 años de vocación. Y con toda certeza, ella afirma que a lo largo de estos años ha sentido la presencia de Dios que le ha acompañado en todo momento. Ella nos comparte su experiencia vocacional:

"De niña y adolescente, yo no era de Iglesia. Me aburría ir a misa, sin embargo, sentía la presencia de Dios. Cuando ya tenía edad de decidir por mi vida, sentía una fuerza que me jalaba a defender la vida por los pobres. Estudié para maestra e hice mis prácticas docentes por 6 meses en una montaña muy lejos de la ciudad, donde caminábamos horas y horas visitando pobres. Era parte de la labor social que realizábamos.


Las personas nos contaban sus problemas y dificultades cuando alfabetizábamos y eso nos daba una mirada de las muchas injusticias de los ganaderos hacia los campesinos. Entonces, quise ser policía militar para defender a los pobres. Estuve con esa idea por mucho tiempo. Había tanta gente pobre, que me sentía obligada a hacer algo por ellos.  Al graduarme, conseguí una plaza de maestra.  Trabajé en una aldea lejana. Y de esa aldea caminaba todos los días 45 minutos hacia la escuela. Como no había Iglesia católica asistía a una Iglesia protestante para orar, pero yo tenía clara mi fe. Un buen día, en mi casa, encontré una estampa que decía Hijas de la Caridad (mi hermana trabajaba con ellas). Yo ya las conocía y, aunque no no me gustaba cómo se vestían, sí me encantaban lo que hacían. La estampa era de San Vicente de Paúl, pero la frase decía: "¿Querés ser voz de los sin voz?"


Yo cogí la estampa y entonces me dije:"eso es lo que quiero". Yo escribí a la dirección que estaba ahí y luego me comunicaron con las Hermanas que vivían en Sangrelaya, (Honduras) lugar al que pertenezco, y les dije: "Yo quiero ser lo que está en la estampa. Ser la voz de los voz. Defender la voz de los que se las han apagado". Dejé mi plaza de maestra y empecé un proceso de dos años con las Hermanas. Fui delegada de la Palabra, acompañé a la Renovación Carismática, me preparé en el sacramento de la Confirmación y luego entré al Postulantado. Puedo decir con seguridad que aquella inquietud que tenía, de servir a los pobres, Dios la puso en mi corazón. Y hoy me siento feliz y agradecida por ser Hija de la Caridad".